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Historia

09/05/2009

 ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Toponimia 

Existen diversas versiones acerca del significado de la palabra Taxco, la más aceptada afirma que proviene del vocablo náhuatl tlachco, compuesto por dos elementos: tlachtl: nombre de pelota y al locativo en co, en o lugar, lo que en conjunto se traduce como: “Lugar donde se juega pelota”. El Agregado de Alarcón le fue asignado en memoria del destacado escritor y dramaturgo taxqueño Juan Ruíz de Alarcón.

También se habla de Talchcotelapa, que significa “lugar para jugar pelota”. Otra versión sostiene que proviene de tatzco significa “donde está el padre del agua” debido a que se encuentra enclavado en las faldas del cerro Atatzin.

Glifo 

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El símbolo representativo del Municipio de Taxco de Alarcón, Guerrero, tendrá las siguientes características: El “Tlachco” o tlaxtli (en náhuatl lugar donde se juega pelota), glifo que está formado por una figura en forma de “H” o bien en forma de una doble “T” transversal, con dos semicírculos en la parte media, donde los tlachtli (jugadores), están uno enfrente del otro, tres calaveras forman el eje transversal del juego de pelota y en que hay una calavera en cada una de las cuatro esquinas; el jeroglífico de Tlachco representa un frontón, esta figura es la forma que tiene el campo de juego, visto en planta. Para uso oficial se presenta en color negro, tanto el “Tlachco” como la leyenda que se podrá optar insertar en su parte superior e inferior para efectos de identificación del municipio, haciendo alusión al H. Ayuntamiento de Taxco de Alarcón, pudiéndose agregar el periodo constitucional correspondiente.

Según las reglas del juego, la pelota no debía tocarse ni con las manos ni con los pies, si no sólo con las caderas, los codos y las rodillas. El cinto, de piel de venado, el corselete y las rodilleras lo protegen contra los golpes de la pelota, de hule macizo, para no lastimarse la mano lleva un guante de piel. Sobra mencionar que no adornar el tocado de plumas, que da fe de su rango.

El campo del juego de pelota era imagen del cielo nocturno. El juego representaba la lucha que el dios sostenía noche tras noche contra las potencias de las tinieblas: la luna y las estrellas, la eterna lucha entre la luz, la vida, las benévolas fuerzas del nacer y las demoniacas de la destrucción. La pelota de hule simbolizaba la esfera solar, su vuelo por encima de la cancha, el curso del sol, que se mueve entre lo luminoso y lo oscuro. El anillo de piedra por el cual tenía que pasar la pelota-uno en cada muro longitudinal de la plaza-era la abertura en el cielo o en la tierra que servía a los astros para descender al inframundo y para resurgir de él. Eran los dioses mismos que luchaban: Xólotl contra Quetzacóalt, el Tezcatlipoca negro contra el Tezcatlipoca rojo. Los jugadores humanos sólo los representaban.

Cuando el jugador lograba que la pelota pasara a través del anillo, ello significaba la puesta del sol, su hundimiento en el seno de la tierra: significaba noche, frio, muerte. Lo que en ese juego sagrado excitaba al espectador no era solo o en primer lugar la agilidad deportiva de los jugadores, si no la revelación de los designios divinos. Danza y sacrificio, es decir: adoración de las divinidades, invocación de su benevolencia, constituían el último acto de la fiesta.

En náhuatl el juego de pelota se llamaba tlachtli o tlaxtli. De ahí el nombre de la ciudad de Taxco. El glifo de Taxco en la “Lista de tributos” de Moctezuma del códice Mendocino es el plano de la cancha en forma de una doble T. La superficie está dividida en cuatro campos coloreados: dos campos claros y dos oscuros. Se trata pues, exactamente como en el signo olin, del contraste entre el  día y noche. Una vez más un indicio de la relación que hay entre ese juego sagrado y el sol.

Hay un dibujo del códice Magliabecchi en que tres calaveras forman el eje transversal del juego de pelota y en que hay una calavera en cada una de las cuatro esquinas.

La pelota de hule, de la que brotaba sangre, representa aquí al sol vencido, al sol que se pone. El signo de dios solar, la serpiente de fuego, esta partido en dos, lo que en el lenguaje de los códices significa: ya es de noche, el sol ha muerto.

Aquí se revela el hondo sentido de ese ritual que es el juego de pelota. En el “Canto que se cantaba cada ocho años” se dice: “Juega a la pelota, juega a la pelota el viejo Xólotl. En el mágico campo de la pelota juega Xólotl”.

RESEÑA HISTÓRICA

En 1521, el imperio mexica contaba con 38 provincias tributarias, seis de ellas ubicadas en Guerrero. Estas seis provincias eran Tlachco, Tepecuacuilco (que abarcaba la parte central del estado, e incluían Chilapa, Oapan, Iguala y Alahuiztlán), Cihuatlán (en la Costa Grande), y en la parte oriental, Tlalcozautitlán, Quiauteopan y Tlapa.

Tlachco, corresponde al pueblo conocido en el presente como Taxco el Viejo (situado a doce kilómetros de la ciudad de Taxco de Alarcón). La región estuvo poblada por nativos nahuas.

La conquista de Tenochtitlán en 1519 y la búsqueda de metales para la fabricación de armas, llevaron a Hernán Cortés a conocer las minas de Taxco, lo se sabe por que el propio Hernán Cortés en el año de 1524 escribía a Carlos V acerca de sus hazañas y logros, y entre otras cosas dijo textualmente: “………… y por algunas provincias de las de estas partes me di mucha prisa en buscar cobre ………. y quiso Nuestro Señor, que tiene cuidado, y siempre lo ha tenido, de proveer en la mayor prisa, que topé entre los naturales de una provincia que se dice Tlachco, ciertas piecezuelas de ello ……….”

Si bien la minería de estaño y los placeres de oro empezaron en este lugar muy poco después de la conquista, la explotación de los minerales de plata debió de haber iniciado a comienzos de la década de 1530. Las minas que estaban en plena producción en 1552 atrajeron considerables cantidades de españoles y castas, además de indios.

Tlachco, o Taxco el Viejo, que había sido la primera fundación regional y el lugar donde habían residido los primeros alcaldes, perdió importancia y se abandonó hacia fines del siglo XVI, cuando la población de españoles se trasladó a Tetelcingo, lugar que ocupa actualmente el barrio de la Veracruz en la ciudad de Taxco de Alarcón. Hacia mediados del siglo XVI, las minas de Taxco estaban constituidas por tres reales: el de Tetelcingo, el de Cantarranas y el de Tenango; con una población minera de aproximadamente mil individuos, casi dos terceras partes eran esclavos negro.

En el siglo XVIII surgieron dos hechos que provocaron un incremento demográfico e incidieron en el desarrollo urbano del real. El primero fue la bonanza de las minas de Taxco en Tehuilotepec, con el trabajo de la veta de San Ignacio de la Lajuela, y el segundo la construcción de la parroquia de Santa Prisca, con apoyo de don José de la Borda, labor que atrajo al pueblo gran cantidad de obreros y artesanos especializados. Ambos sucesos incrementaron considerablemente la población, como lo demuestra el padrón levantado en 1772 el cual indica once barrios, seis cuadrillas y veinticinco haciendas o rancherías, para un total de 1383 casas y 4358 personas de comunión.

La construcción de la antigua ciudad se realizó en torno al eje sinuoso que fue la antigua Calle Real (hoy Benito Juárez). Así fue como la actividad minera propició el surgimiento de un tejido urbano que creció progresivamente y en desorden y no a partir de un diseño previo, como ocurría en la mayoría de los asentamientos de origen hispano en América, en donde predominaron los trazados en cuadrícula, en terrenos planos o con pocas pendientes. Sin embargo en Taxco, adaptándose a la difícil topografía del terreno, se cumplió la norma hispana en relación con la distribución de plazas y templos; encontramos en Taxco templos con plaza, atrio y fuente como núcleos de los diferentes barrios, comunicados por caminos que se desprenden hacia los lados del eje serpenteante del antiguo camino Real, surgiendo lotes irregulares, calles zigzagueantes y en pendiente que permitían la caprichosa configuración de plazas en aquellos espacios donde la calle se hacía más ancha o en el cruce de dos o más calles.

El caos social y político vivido en México a partir del año 1810 hasta concluida la revolución mexicana, propicio que Taxco fuera asediada por los grupos independentistas y tropas liberales, fueron saqueadas, destruidas y quemadas sus haciendas, iglesias y templos perdieron sus tesoros litúrgicos, las minas fueron abandonadas y derrumbados sus accesos, la inseguridad era permanente y propició un éxodo masivo, quedando sólo en la población 30 familias; paralizándose la actividad minera, reiniciándose ésta hasta el año de 1880 ya sin el mismo dinamismo.

En 1872 se crea el distrito de Alarcón, cuya cabecera fue la ciudad de Taxco; este municipio fue uno de los que constituyeron el estado de Guerrero en 1850, finalmente las leyes orgánicas de división territorial de 1908 y 1944 le dieron a Taxco categoría de “ciudad”, y en ambas aparece el agregado “de Alarcón”

La arquitectura de la ciudad emerge de manera escalonada levantándose de los cerros, a partir de la organización de espacios igualmente irregulares. La edificación de Taxco, herencia del arte colonial y de la arquitectura popular mexicana, tiene rasgos particulares con características propias, que se manifiestan por su especial emplazamiento. La casa típica de Taxco deriva en cantidad de modelos: las hay grandes, pequeñas, de construcción irregular, en desniveles, con terrazas, con balcones y corredores, y todas tratando de ocupar hasta el último espacio aprovechable del terreno. Muchas casas están cubiertas con vigas de madera y teja tradicional de barro y otras tienen techos y entrepisos de terrado y azotea. Abundan las casas que tienen cubiertas soportadas por arcos y terrazas con pretiles de citarilla curva de barro y las fachadas pintadas a la cal.

El asentamiento primitivo de Taxco permaneció prácticamente intacto hasta ya avanzado el siglo XX, cuando a partir de la inauguración de la carretera que unía a la ciudad de México con Acapulco  en 1928, se atravesaba por esta localidad; se dio inicio al flujo de turistas nacionales y extranjeros deseosos de conocer el lugar, desarrollándose paralelamente, con gran auge, la actividad de la artesanía en plata. Al mismo tiempo comenzó el crecimiento urbano, con cambios profundos en la concepción del espacio y la tecnología, y con el uso de nuevos materiales de construcción.

Parte importante del crecimiento poblacional de Taxco ha sido absorbido por el núcleo central, constituido por barrios antiguos de la ciudad, a partir de la densificación, la subdivisión de predios, y de algunos crecimientos en altura de las edificaciones existentes. Posteriormente el crecimiento urbano absorbió asentamientos contiguos suburbanos integrándose poblados a la problemática de la ciudad, el área de influencia es de aproximadamente 12 kilómetros alrededor de la ciudad.

En el año de 1936 Taxco de Alarcón fue declarada como población típica y de belleza natural, por la ley sobre protección y conservación de monumentos arqueológicos e históricos, poblaciones típicas y lugares de belleza natural de 1934.

En 1953 es expedida la ley 27 para la conservación y vigilancia de la ciudad y se conforma la Junta de Conservación y Vigilancia del aspecto de la ciudad.

La ley federal sobre zonas y monumentos arqueológicos, artísticos e históricos de 1972 por decreto presidencial se declara zona de monumentos históricos a Taxco, esta ley deroga la de 1934.

En el año de 1973 fue emitida por el Gobierno del Estado la Ley número 80 de Conservación y Vigilancia de la ciudad de Taxco, que reitera los conceptos y mecanismos establecidos en la Ley número 27.

El 19 de marzo de 1990, Taxco es decretado zona de monumentos históricos, la declaratoria se fundamentó en las notables cualidades arquitectónicas, urbanísticas y de paisaje, así como en su relación con los diversos sucesos y personajes de la historia nacional. Se contempla una superficie de 0.374 kilómetros cuadrados (374 ha.) integrada por 72 manzanas que comprenden 96 monumentos históricos construidos entre los siglos XVII y XIX. Paralelamente el mismo día fue expedida la Ley número 174 de Conservación y Vigilancia de la ciudad de Taxco, Guerrero; derogando la Ley número 80.

PERSONAJES ILUSTRES

Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, (1581 - 1639) Abogado, poeta y dramaturgo; nacido en  Real de Taxco, de padres españoles dedicados a los negocios de la minería, avecindados en Taxco. Entre sus obras se pueden citar: “Comedia de caracteres” principal aportación en la producción teatral, y en la literatura La verdad sospechosa, considerada como su obra maestra, Los favores del mundo, Las paredes oyen, La industria y la suerte, El semejante a si mismo, La cueva de Salamanca, El desdichado en fingir, La crueldad por el honor, etc.

Hernando Ruiz de Alarcón y Mendoza, que en 1629 escribe Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales de esta Nueva España; este libro da pie a las investigaciones de la herbolaria y la medicina tradicional  Mexicana.

José de la Borda Sánchez (1699–1778), minero francés, generador en Taxco de patrimonio cultural, llevó a cabo obras públicas de carácter civil y legó para la humanidad en custodia de Taxco la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, recordado como el fénix de los mineros ricos de América, introdujo el agua, los tejados y parte importante del camino Real a la Ciudad de México.

Pedro Ascencio Alquisiras (1780-1821), nacido en Acuitlapán, comerciante de minerales que posteriormente se une  a los insurgentes, nombrado capitán de caballería por José Manuel López Rayón, combatió al lado de José María Morelos y Pavón.

Guillermo Spratling (    - 1967) Arquitecto, periodista y escritor, procedente de Nueva York llega a Taxco en el año de 1929, se le considera precursor de la platería taxqueña, fundador del primer taller de platería en Taxco.

CRONOLOGÍA DE HECHOS HISTÓRICOS

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Año

Acontecimiento

HECHOS HISTÓRICOS DEL SIGLO XVIII

1708

José de la Borda llegó a Taxco e inmediatamente explotó las minas de Pedregal, el Coyote, San Ignacio y Cerro Perdido.

1751 – 1758

Se construye la Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián.

HECHOS HISTÓRICOS DEL SIGLO XIX

1810

Francisco Hernández, comisionado por Miguel Hidalgo se subleva en Taxco.

1811

José María Morelos y Pavón toma la plaza, hace prisioneros a los españoles residentes del lugar.

1815

El 28 de noviembre, por órdenes recibidas del General Morelos desde Cuautla, llegó a Taxco Hermenegildo Galeana y tomó la plaza.

1821

Se aloja en el convento de San Bernardino de Siena el Coronel Don Agustín de Iturbide para concertar su entrevista con el General Vicente Guerrero, que dio lugar al histórico abrazo de Acatempan.

1835

Juan Álvarez lanza en Taxco un manifiesto que desconoce a Antonio López de Santa Ana.

1858

El General Miramón nombró Coronel a Juan Vicario y le confirió el mando de una brigada que debería posesionarse del sur; Vicario avanzó y el 18 de febrero se apoderó de Taxco

1865

El 28 de octubre, la plaza de Taxco fue tomada por don Profirió Díaz.

HECHOS HISTÓRICOS DEL SIGLO XX

1911

El 24 de abril, la plaza de Taxco fue tomada por los revolucionarios Jesús Morán y Margarito Giles.




 

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